
Nadie duda que se tienen que establecer mecanismos de meritocrácia en los procesos de contartación de profesores en las escuelas públicas, como una manera de asegurar que la educación recibida por el alumnado sea impartida por el mejor personal disponible en el mercado de trabajo.
De seguro ésta ha sido la intención del Ejecutivo al establecer como filtro en la contratación de profesores, el requisito de contar con una constancia de Tercio Superior para´poder participar en el procreso de este año.
Algunos analistas sostienen que una medida como ésta es discriminatoria en contra de quienes no cumplen este requisito y que, en consecuencia, verían afectado su "derecho al trabajo" en establecimientos educativos del Sector Público.
Ante esto hay que decir que basta chequear la sección de empleos en cualquier diario, para constatar que el Sector Privado en educación establece mucho más filtros en los procesos de seleccion de profesores, exigiendo no sólo el dichoso tercio, sino también elementos como experiencia comprobada en el cargo o participación en actividades de investigación en el ramo. Obviamente, a cambio, se ofrece una serie de incentivos, tanto pecuniarios, como de carrera, para motivar a los mejores cuadros para ocupar las plazas que se ofrecen.
Si esto es así en el Sector Privado, las escuelas públicas deberían contar con condicionamientos mucho más exigentes para seleccionar a sus educadores, en cumplimiento pleno de su función subsidiaria, pues estos establecimientos educativos atienden en mayormente a la población con menos recursos y que, en consecuencia, se encuentra fuera de la porción del mercado atendida de manera privada.
Ahora bien, es cierto que el requisito del tercio superior es un instrumento que va en la dirección correcta para contartar a los mejores maestros en la Escuela Pública. Sin embargo, ¿Debe ser determinante para elegir a quién contratar?
Si estuvieramos hablando de un proceso en cual sólo participan los recien egresados de las facultades de educación o institutos pedagógicos, esta medida seriá en gran parte eficiente como filtro, pues, al tratarse de un universo de postulantes recien egresados, elementos cómo la experiencia o la realización de investigaciones no podrían ser evaluados y se tendría que confiar en el desempeño académico como única evidencia de los logros del postulante.
Sin embargo, la realidad es muy distinta al cuadro descrito en el párrafo anterior, ya que no se esta hablando de un universo de postulantes recien egresados, sino de un proceso de caráter abierto dónde compiten recién egresados y profesionales con varios años de carrera. En esta nueva situación, la exigencia del Tercio Superior por si sola, no es un buen indicador de una selección efeciente, porque deja afuera factores que tambien deben ser evaluados en el desempeño no sólo académico, sino profesional.
Por lo tanto, si se quiere elegir los mejores docentes, los logros académicos y profesionales deben ser adecuadamente examinados y sopesados a fin de asegurar los mejores resultados posibles en los procesos de selección.




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