
Ayer, al chequear las noticias de la noche sobre la convocatoria a una marcha de carácter multinacional en contra de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) y su insana necedad de hacer del secuestro un arma de presión política, esperé encontrar, entre los participantes peruanos en este acto de protesta, a connotadas organizaciones de la Sociedad Civil avocadas a la defensa de los derechos humanos, tal es el caso de la Asociación Pro Derechos Humanos (APRODEH) o la Coordinadora Nacional de Derechos Humanos, considerando su pública condena a las violaciones de derechos humanos ocurridas en regímenes como el de Fujimori o el primer gobierno de Alan Garcia.
Sin embargo, "grande" fue mi sorpresa al constatar que estas organizaciones brillaron por su ausencia en esta convocatoria. Ya esta mañana, me provocó más de una sonrisa, conocer las justificaciones de sus representantes:
Miguel Jugo, integrante de APRODEH, señaló a la Agencia Andiana: "....Si se nos hubiera informado por lo menos el día viernes, nos habríamos organizado para ir, pero no sabíamos ni siquiera dónde sería la marcha”, Es decir que, no tenían idea de dónde se realizaría una marcha que contaba con amplia cobertura medática incluso días antes de su realización. ¿dónde viven? ¿en Marte?.
Por su parte Francisco Soberón, miembro del mismo colectivo mencionó al diario La Primera: "....el tema colombiano es más complejo que solamente condenar los secuestros de las FARC. Hay que ser integral en la aproximación a la compleja realidad colombiana.Hay que insistir en pedir la liberación de los civiles; pero también el Estado colombiano debe llegar a un acuerdo humanitario para hacer un intercambio de prisioneros de las Fuerzas Armadas y de las FARC, eso debe ser parte de un acuerdo". ¿Intercambio de prisioneros? Según esta lógica también hubiera sido correcto hacer lo mismo en el caso de Sedendero Luminoso en el contexto peruano de los ochenta, ya que una coyuntura como esa también requería tener una aproximación "integral" a la "compleja realidad peruana" de aquellos días.
Es más que evidente que mantener contra su voluntad a un grupo de personas como rehenes en condicones poco menos que infrahumanas, constituye, parafraseando a la Comisión de la Verdad y Reconciliación, una violación sistemática de los derechos humanos más elementales y la Sociedad Civil deberia, en su conjunto, condenar de manera cabal el accionar de las FARC.
Sin embargo, para nuestros "defensores de los derechos humanos" parece haber un doble rasero,´porque, por un lado, está bien perseguir y castigar a los responsables de asesinatos que habrían cometido grupos militares durante el gobierno de Fujimori; pero por otro, no son tan custionables las acciones de algún grupo radical de izquierda en un pais hermano.
Después de ver situaciones como ésta, llega ami mente el relato Rebelión en la Granja de George Orwell, en cuyas líneas se leía una frase que decía "...todos los animales somos iguales, pero algunos más iguales que otros"




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