martes 29 de enero de 2008

La Fatal Arrogancia.


Arrogante como yo solo, solía pensar, desde mi perspectiva de autor de canciones, que el principal ingrediente de un buen tema, era la letra, pues sin ella no se podía transmitir cabalmente las emociones que el autor deseaba dejar en claro. Para sustentar tal afirmación siempre tenía a mano, como ejemplo, el trabajo de gente tan disimil como Lou Reed, Bruce Springsteen o Joaquin Sabina y Silvio Rodriguez (Claro estos dos últimos son brillantes sólo cuando hablan de amor, pues sus opiniones políticas son poco menos que lamentables al defender regímenes tan opresivos como el cubano)
Así las cosas,vivía feliz al lado de mis ilusas convicciones, hasta que un día, tratando de pasar el rato viendo una película de Cameron Crowe llamada Vanilla Sky, me topé con una extraordinaria cancióin que acompañaba la escena climax del film.
Mientras veía a Tom Cruise caer del alto de un edificio, como epílogo de la pesadilla que vivía el protagonista de aquella historia, dsfruté de un ensamble de melodías brillantemente ejecutadas las cuales, sin ser tristes o deprimentes, llegaban a ser sobrecogedoras, acompañabas por un soberbio ejercicio vocal del falsete en un idioma que para mí era desconocido.
Después de algunas pesquizas en internet, descubrí que la banda responsable de aquella placentera experiencia sonora se llamaba Sigur Rós y que provenía de Islandia. Intentando una primera explicación me dije, que el idioma utilizado en aquel tema, naturalmente, era el islandez y que era cuestión de conseguir un buen traductor en línea para entender los, de seguro, hermosos versos que acompañaban a aquella canción que en inglés llamabán The Nothing Song.
Grande fue mi sorpresa al constatar, luego de más averiguaciones, que las "letras" de aquella canción y del resto de los temas de esta banda no provenían de algún idioma conocido, sino que eran más bien construcciones fonéticas creadas por ellos para que la voz sea un instrumento más en sus melodías.
Llegando a extremos, uno de sus discos, casualmente aquel al que pertenece la canción que utilizó Cameron Crowe, no tiene título e incluso el librito que lo acompaña está en blanco, ilustrando la carátula minimalistamente solo con un ( ). Es decir, prescindían totalmente de la lírica como elemento integrante de una composición.
Así las cosas, mi ego había recibiendo un golpe certero, pues una de mis más profundas convicciones acerca de la música había sido seriamente cuestionada sin opción a réplica posible, ya que me habían demostrado que la música por si sola era capaz de transmitir las más profundas emociones.
Resignado, pero feliz, me avoqué a disfrutar, gracias a la internet, de videos,, con sus formidables presentaciones en vivo, en las que la clásica formación de una banda de rock (guitarra, bajo, batería) era acompañada siempre por grupos de cuerdas y vientos que le daban a sus composiciones, matices sinfónicos. Otra particularidad de la banda era que el guitarrista y vocalista, utilizaba de manera heterodoxa su instrumento, como si fuese un violonchelo, logrando con ello un sonido muy especial que era el principal elemento que definía las atmósferas etéreas que rodean las canciones de este enigmático, pero estupendo grupo.
La cereza del postre, la trajeron los videos, complemento perfecto de cada uno de sus temas. Allí están las enternecedoras Glosoli ( http://www.youtube.com/watch?v=doc1eqstMQQ ) e Hoppipolla( http://www.youtube.com/watch?v=PDxMQaMqsig&feature=related ) o la sobrecogedora e impactante Vaka ( http://www.youtube.com/watch?v=P0AZIFmkogY )
Como ven, las casualidades a veces traen grandes lecciones y, pues, una de ellas me la enseñó el que ahora es uno de mis grupos favoritos.


1 comentarios:

erikhead dijo...

Solamente puedo decir que esa banda me llega altamente, Radiohead forever jojo, saludos Juan o como le digo Sr Vega, hey cuando ensayamos?
Erik