
Después de 10 años, Soda Stereo, sin duda una de las bandas de mayor trascendencia en la historia del rock en español, saldó una deuda pendiente con el público peruano al ofrecer dos presentaciones a estadio lleno.
A decir verdad, yo no soy un seguidor de esta banda, pero la posibilidad de ver en acción a aquellas tres personas que, con su música, dejaron una impronta en la vida de tanta gente, tal como lo demostró la rapidez con que se agotaron las entradas para ese concierto, resultó ser una idea más que atractiva.
Según la mayoría de los diarios que revisé la mañana del evento (había comprado una entrada en tribuna oriente para el segundo de sus conciertos en Lima), la primera presentación fue apoteósica, logrando congregar a 35 mil personas en el decano de los recintos deportivos de esta añeja ciudad.
Esto aumentó mi expectativa pues según me cuentan, hasta ahora, ningún artista había logrado llenar el Estadio Nacional dos noches consecutivas. Los fanáticos habían hecho largas colas desde la madrugada en pos de los mejores lugares para ver a sus ídolos, todos portando banderolas, vistiendo polos o usando vinchas con motivos alusivos a su banda de cabecera. La hora programada de inicio del recital era las 9pm.
Teniendo todo lo anterior en cuenta, decidí enrumbar al estadio con la suficiente antelación para coger una buena locación, es decir llegué, previa parada obligatoria en un fast food, considerando lo largo de la espera, a las cuatro de la tarde.
El ambiente era de fiesta. A pesar de que en los alrededores del local se apostó una gran cantidad de ambulantes que ofrecían desde entradas en reventa hasta polos y viceras con los rostros de Cerati y compañía, el flujo de gente era ordenado y pude llegar al sector que me correspondía, no sin antes pasar por cuatro controles de seguridad, sin problemas.
Por suerte, conseguí una buena ubicación, con vista directa a un costado del escenario y a una de las pantallas gigantes. Sin embargo, tuve que soportar algunos detalles, que, en un inicio, hicieron de la espera, un ejercicio irritante. El principal de ellos era el sol de la tarde, cuyos rayos cayeron inclementes sobre toda la tribuna.
Además, estar sentando durante más de cuatro horas sin mucho que hacer, provocó en nosotros, los sufridos asistentes, no tan sólo aburrimiento sino hastío.En esas circunstancias, como a las seis y media, subió al escenario Lucía de la Cruz, elegida ¿acertadamente? por los organizadores como telonera de Soda Stereo.
La cantante interpretó correctamente algunos temas del archiconocido repertorio criollo limeño y supo ganarse al público. Aunque, hay que considerar que a esas alturas la gente estaba tan aburrida que estoy seguro de que si ponías a Tongo cantando a capela en el mismo escenario, hubieras obtenido las mismas ovaciones que recibió la De la Cruz, pues la multitud estaba ávida de disfrutar cualquier espectáculo.
Luego de esta presentación, la gente mató el tiempo de las más diversas formas desde leyendo libros o conversando, hasta ensayando una coreografía, haciendo olas que en un principio, aunque graciosas, no eran los suficientemente vistosas, ya que ni las tribunas ni el campo estaban suficientemente llenos.
Aquel detalle, pronto se subsanó, pues faltando una hora para la aparición del grupo argentino, el nacional lucía un marco inmejorable para aquella noche.
Aquel detalle, pronto se subsanó, pues faltando una hora para la aparición del grupo argentino, el nacional lucía un marco inmejorable para aquella noche.
Finalmente, lo que todos aguardábamos ocurrió. Las luces se encendieron, los primeros acordes de Juegos de Seducción comenzaron a sonar y el sueño de muchos empezaba a hacerse realidad.




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