viernes 30 de noviembre de 2007

De Piratas y Corsarios.

Un concepto que tal vez ayude a entender la problemática de la piratería en el mercado musical es aquel que los economistas llaman Bien Público. Este tipo de bienes, según la teoría económica posee en su naturaleza más pura dos características: No exclusión y No rivalidad en el consumo.
La primera de ellas hace referencia a que no se puede cobrar un precio al consumidor que desee acceder a ellos. Por ejemplo, la policía no puede cobrar una tarifa a cada persona víctima de un robo. La segunda característica hace referencia a que en el consumo de una unidad adicional de este tipo de bienes no implica disminuciones en la cantidad disponible de dicho bien para otros consumidores que deseen también acceder a él. En el caso del ejemplo de la policía, el hecho de que una persona cuente con resguardo policial no implica que otras no puedan contar con él en caso de que lo necesiten.
Por el contrario, el bien que no cumple ninguna de estas características a la vez (es decir puede haber exclusiòn y rivalidad en su consumo) es llamado Bien Privado, el cual puede ser desde un caramelo una casa, un auto o sevicios como la educaciòn y la salud, pues por ellos sì se puede cobrar un precio a los consumidores y el consumo adicional de una unidad de cualquiera de estos bienes, implica una menor cantidad de ellos disponible para nuevos demandantes.
Un disco, en el inicio de la industria discográfica, era casi la única manera por la cual los aficionados podían tener acceso a las canciones de sus bandas preferidas por lo que a aquellas (las canciones) se les podía considerar un Bien Privado el sentido más estricto del término, pues para tener acceso a ellas, los consumidores debían adquirir un disco (es decir había posibilidad de exclusión) y al adquirir una copia del mismo, la cantidad disponible del tiraje para nuevos consumidores disminuía en el mercado. o en otras palabras, había rivalidad en el consumo. Bajo estas condiciones era fácil establecer derechos de autor o regalías por el uso de la obra de los artistas.
Sin embargo, el desarrollo de la tecnología ha hecho que los discos no sean los únicos medios por los cuales los consumidores tienen acceso a la mùsica de sus agrupaciones favoritas. En la actualidad, diversos programas de Internet permiten la descarga gratuita de discos enteros, con lo cual se hace cada vez más difícil el cobro de regalías o derechos de autor, es decir es más dificultoso establecer mecanismos de exclusión en el consumo.
Por otro lado, hoy en día millones de usuarios pueden bajar simultaneamente una misma canción, con lo cual la rivalidad en el consumo casi va quedando desvirtuada paulatinamente.
Así pues, las canciones adquieren cada vez más rápido las características de un Bien Público, con lo cual casi ya no es justificable el penalizar su consumo ilegal so pretexto de piratería o, como afirman algunos osadamente, robo, pues esto sólo sería aplicable a biienes de naturaleza privada.
¿Significa esto el colapso inevitable de la industria discografica?. La respuesta a esta pregunta es no, pues como en todo proceso de cambio, esta industria tendrá que adaptarse, dirigiéndose ahora fundamentalmente a un consumidor coleccionista que sí pagará gustoso el costo de un disco original.
Además, frente a una coyuntura como ésta, los tirajes tendrán tendrán que disminuir drásticamente, sin que esto signifique, en el mediano plazo, una disminución en los ingresos de las compañías, pues los nuevos consumidores conocedores, no sólo serán exigentes con la presentación, sonido y material adicional que contenga el disco, sino que recompenzarán el esfuerzo que esto implica pagando un precio alto.
Desde el punto de vista de los músicos, una situación como la descrita líneas arriba tampoco representa una amenaza, pues gracias a la tecnología, su obra puede ser conocida por muchas más personas y, si bien es cierto pueden resentir algún descenso en sus ingresos por concepto de regalías o derechos de autor, por otra parte, una mayor cantidad de presentaciones en vivo también representarán más dinero para sus arcas.
Todo esto sin contar la posibilidad, para algún grupo consagrado, de ser la imagen de alguna campaña publicitaria, por lo cual, de hecho, sería bien recompensado.
No obstante, en honor a la verdad, si hay un grupo interesado que resultaría seriamente afectado al dejar de perseguirse la piratería y éste es aquel privilegiado círculo de burócratas que, escudándose en la defensa de los derechos de autor a través de asociaciones, han sabido medrar de la creatividad ajena durante mucho tiempo, pero, ciertamente, a ellos no los extrañarà mucha gente.